Y  ES QUE

 Por Jamal Halawa

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 Y es que, lo que más repugnancia provoca, al contemplar este estado de continuo derrumbamiento del grupo de regimenes árabes oficiales, es visualizar este estado de decadencia, a pesar de la frecuencia en su velocidad según los tiempos y según la frecuencia de la fuerza de presión y atracción de los elementos regionales e internacionales que le acompañan, en un deslizamiento continuo hacia abajo sin que haya ningún límite u obstáculo que paralice este estado, lo congele o reduzca la velocidad de su desmoronamiento. Desde el fin de la I guerra mundial, y con la conclusión del círculo del colonialismo occidental y su influencia en la mayoría de los países en vía del desarrollo, mundo árabe incluido, repartiendo sus tierras y recursos, masacrando a sus hijos e hijas, despojando a los pueblos de su humanidad y tergiversando y robando su historia, su patrimonio y su cultura, desde entonces y hasta el día de hoy, sigue esta dramática serie, aunque podrían variarse  los instrumentos que realizan la criminalidad en contra del ser humano árabe, dependiendo del lugar y el tiempo y, de las necesidades del sangriento conflicto entre los elementos de defensa y sus fuerzas populares y las fuerzas del colonialismo occidental y sus colaboradores locales entre: reyes, emires y presidentes que, trabajan como funcionarios esclavizados que han de cumplir con las ordenes que les llegan del personal de las embajadas de dichas fuerzas coloniales.

 Y es que, quien sigue la cinta de las crónicas y acontecimientos desde aquella nefasta era, podría observar y cerciorarse de que la época del colonialismo no ha concluido aun, ni en nuestro mundo árabe (quien no ha salido del círculo de los países en vía de desarrollo) ni en muchos otros países a lo largo del mundo, es más, el estado del colonialismo hoy es más omnipotente y más sólido con su sistema contemporáneo globalizante y asfixiante. He aquí la clave, ya que el conflicto en sus inicios, es un conflicto irremediablemente económico. Es un conflicto de influencias, es un conflicto financiero, comercial y es un conflicto para controlar las llaves de la energía en el mundo, en aras de controlar los precios de los mercados y los mercados, con todo lo que contienen de seres humanos, bestias y mercancías. Y para alcanzar este objetivo del mejor modo, se hacen contratos esclavizantes con un grupúsculo de líderes locales, como si fueran agentes de multinacionales o franquicias y, se les corona como reyes, se les nombra como presidentes o como descendientes de los profetas si así lo deseasen, con tal de cumplir con las misiones asignadas para garantizar el flujo de lo que las multinacionales de los países coloniales roban de recursos naturales y energéticos, reprimiendo a quien habría que reprimir de aquellos que luchan por el reparto de las riquezas de la nación entre los hijos de la misma, resisten contra el autoritarismo del forastero terrorista y promotor del terrorismo en contra de todos los pueblos del mundo. En cuanto a las diferencias ideológicas y culturales, no son más que herramientas para la publicidad y la propaganda que utilizan los colonialistas para reconducir a su opinión pública, para cargarla y para comprimirla al servicio de su verdadera batalla: la de explotar los recursos naturales de los países y pueblos del mundo en vías de desarrollo.

Y es que, la mayoría de los análisis políticos científicos, los que siguen la historia de la lucha de los pueblos por la libertad indisoluble y la soberanía indisoluble, basados en la dialéctica histórica y en clasificar los elementos y las fuerzas del conflicto y sus ineludibles contradicciones, reafirman: que mientras la contradicción permanezca entre los elementos del conflicto, la victoria al final, inevitablemente, ha de ser para las fuerzas de defensa y de resistencia, quienes a su vez, adquieren su legitimidad desde el tejido de las diferentes fuerzas del pueblo y, desde las capas más necesitadas y oprimidas de sus clases sociales en particular. La resistencia contra la coalición de las fuerzas de la explotación, el oportunismo, el colonialismo y las fuerzas de ocupación interior y exterior en el mundo árabe, aunque se haya ralentizado en algunas épocas históricas concretas, no pararon ni pararán nunca porque los factores contradictorios y chocantes que dichas fuerzas conllevan en sus entrañas, son adyacentes a su existencia, haciendo imposible el evitar su fricción con las fuerzas vivas del pueblo. Por lo tanto, opino que el grado de conciencia política y nacionalista de las fuerzas de la resistencia, será determinante a la hora de delimitar el tiempo del conflicto. Uno de los elementos más importantes para apoyar a estas fuerzas es una coalición estratégica en el marco de un Frente Nacionalista Libertador, nacional y árabe, islámico-ilustracionista, revolucionario y combativo, y en el marco de un liderazgo colegiado joven, concienciado y renacentista, que asuma la responsabilidad para activar a la mayoría de las capas de las fuerzas vivas del pueblo para apoyar a la resistencia contra la ocupación, el colonialismo occidental y sus colaboradores locales, para que trabajen juntos en todos los frentes dentro de la nación y al mismo tiempo, utilizando y según las necesidades del lugar de la confrontación, diferentes formas de una continua lucha, y con una coalición sólida con las diferentes fuerzas de resistencia a lo largo y ancho de todo el mundo, en aras de garantizar la cobertura política, propagandística, diplomática y para reforzar a las diferentes fuerzas de resistencia al sistema capitalista globalizante, porque al fin y al cabo, nuestra batalla es la misma. No podríamos vencer a este sistema político, económico, esclavizador, dictatorial y salvaje sin crear una relación y una dinámica de relaciones coaligantes e internacionalistas con todas las fuerzas organizadas y combativas que están en contra del mencionado y repugnante sistema.

09.04.2007

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