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Y
es que, lo
que más repugnancia provoca, al contemplar este estado de continuo
derrumbamiento del grupo de regimenes árabes oficiales, es
visualizar este estado de decadencia, a pesar de la frecuencia en su
velocidad según los tiempos y según la frecuencia de la fuerza de
presión y atracción de los elementos regionales e internacionales que le
acompañan, en un deslizamiento continuo hacia abajo sin que haya ningún
límite u obstáculo que paralice este estado, lo congele o reduzca la
velocidad de su desmoronamiento. Desde el fin de la I guerra mundial, y
con la conclusión del círculo del colonialismo occidental y su
influencia en la mayoría de los países en vía del desarrollo, mundo
árabe incluido, repartiendo sus tierras y recursos, masacrando a sus
hijos e hijas, despojando a los pueblos de su humanidad y tergiversando
y robando su historia, su patrimonio y su cultura, desde entonces y
hasta el día de hoy, sigue esta dramática serie, aunque podrían variarse
los instrumentos que realizan la criminalidad en contra del ser humano
árabe, dependiendo del lugar y el tiempo y, de las necesidades del
sangriento conflicto entre los elementos de defensa y sus fuerzas
populares y las fuerzas del colonialismo occidental y sus colaboradores
locales entre: reyes, emires y presidentes que, trabajan como
funcionarios esclavizados que han de cumplir con las ordenes que les
llegan del personal de las embajadas de dichas fuerzas coloniales.
Y
es que, quien sigue la cinta de las crónicas y acontecimientos
desde aquella nefasta era, podría observar y cerciorarse de que la época
del colonialismo no ha concluido aun, ni en nuestro mundo árabe (quien
no ha salido del círculo de los países en vía de desarrollo) ni en
muchos otros países a lo largo del mundo, es más, el estado del
colonialismo hoy es más omnipotente y más sólido con su sistema
contemporáneo globalizante y asfixiante. He aquí la clave, ya que el
conflicto en sus inicios, es un conflicto irremediablemente económico.
Es un conflicto de influencias, es un conflicto financiero, comercial y
es un conflicto para controlar las llaves de la energía en el mundo, en
aras de controlar los precios de los mercados y los mercados, con todo
lo que contienen de seres humanos, bestias y mercancías. Y para alcanzar
este objetivo del mejor modo, se hacen contratos esclavizantes con un
grupúsculo de líderes locales, como si fueran agentes de multinacionales
o franquicias y, se les corona como reyes, se les nombra como
presidentes o como descendientes de los profetas si así lo deseasen, con
tal de cumplir con las misiones asignadas para garantizar el flujo de lo
que las multinacionales de los países coloniales roban de recursos
naturales y energéticos, reprimiendo a quien habría que reprimir de
aquellos que luchan por el reparto de las riquezas de la nación entre
los hijos de la misma, resisten contra el autoritarismo del forastero
terrorista y promotor del terrorismo en contra de todos los pueblos del
mundo. En cuanto a las diferencias ideológicas y culturales, no son más
que herramientas para la publicidad y la propaganda que utilizan los
colonialistas para reconducir a su opinión pública, para cargarla y para
comprimirla al servicio de su verdadera batalla: la de explotar los
recursos naturales de los países y pueblos del mundo en vías de
desarrollo.
Y es
que, la mayoría de los análisis políticos científicos, los que
siguen la historia de la lucha de los pueblos por la libertad
indisoluble y la soberanía indisoluble, basados en la dialéctica
histórica y en clasificar los elementos y las fuerzas del conflicto y
sus ineludibles contradicciones, reafirman: que mientras la
contradicción permanezca entre los elementos del conflicto, la victoria
al final, inevitablemente, ha de ser para las fuerzas de defensa y de
resistencia, quienes a su vez, adquieren su legitimidad desde el tejido
de las diferentes fuerzas del pueblo y, desde las capas más necesitadas
y oprimidas de sus clases sociales en particular. La resistencia contra
la coalición de las fuerzas de la explotación, el oportunismo, el
colonialismo y las fuerzas de ocupación interior y exterior en el mundo
árabe, aunque se haya ralentizado en algunas épocas históricas concretas,
no pararon ni pararán nunca porque los factores contradictorios y
chocantes que dichas fuerzas conllevan en sus entrañas, son adyacentes a
su existencia, haciendo imposible el evitar su fricción con las fuerzas
vivas del pueblo. Por lo tanto, opino que el grado de conciencia
política y nacionalista de las fuerzas de la resistencia, será
determinante a la hora de delimitar el tiempo del conflicto. Uno de los
elementos más importantes para apoyar a estas fuerzas es una coalición
estratégica en el marco de un Frente Nacionalista Libertador, nacional y
árabe, islámico-ilustracionista, revolucionario y combativo, y en el
marco de un liderazgo colegiado joven, concienciado y renacentista, que
asuma la responsabilidad para activar a la mayoría de las capas de las
fuerzas vivas del pueblo para apoyar a la resistencia contra la
ocupación, el colonialismo occidental y sus colaboradores locales, para
que trabajen juntos en todos los frentes dentro de la nación y al mismo
tiempo, utilizando y según las necesidades del lugar de la confrontación,
diferentes formas de una continua lucha, y con una coalición sólida con
las diferentes fuerzas de resistencia a lo largo y ancho de todo el
mundo, en aras de garantizar la cobertura política, propagandística,
diplomática y para reforzar a las diferentes fuerzas de resistencia al
sistema capitalista globalizante, porque al fin y al cabo, nuestra
batalla es la misma. No podríamos vencer a este sistema político,
económico, esclavizador, dictatorial y salvaje sin crear una relación y
una dinámica de relaciones coaligantes e internacionalistas con todas
las fuerzas organizadas y combativas que están en contra del mencionado
y repugnante sistema.
09.04.2007 |